Crónicas de una muerte anunciada.

La muerte de HooL, la vida de La Fiebre del Ladrillo.

Correrá la sangre de la mano de nuestros hermanos.

Si estás leyendo esto, es que en algún momento te ha gustado lo que escribía.

Durante varios meses llevo viendo como esta Newsletter, ha ido perdiendo mi interés y el vuestro a la misma vez. No te quiero engañar, escribir sobre ideas siempre es algo que me ha apasionado y me encanta compartirlo.

Con el crecimiento de HooL, decidí separar el sector inmobiliario a la otra edición, mientras aquí seguía escribiendo sobre lo que me diese la gana.

Como es obvio, cuando uno escribe sobre algo que le apasiona y de lo que sabe acaba repercutiendo positivamente. En poco tiempo, La Fiebre del Ladrillo se convirtió en mi ojito derecho, un lugar donde poder hablar sobre mi trabajo a través del email.

Esto, como era de esperar, acabó repercutiendo en las ganas que tenía de escribir por aquí. Llegó el punto en el que envié 3 o 4 ediciones sin ganas, hasta que vi el error que estaba cometiendo. Estaba quitándome tiempo a mi y a vosotros. Un gravísimo error.

Pues llegado hasta aquí, no te quiero entretener más. Me he dado cuenta de que lo que realmente me llena es escribir sobre el sector inmobiliario, sobre lo que me da de comer.

Ahora tú, tienes dos opciones.

1- Despedirnos ahora mismo.

2- Venir aquí, y seguir leyéndome mientras te cuento que aprendí a los 16 junto a mi amor platónico captando inmuebles por Ibiza.

Ha sido un placer, hasta siempre. HooL.